Atrápame... si puedes (Mujeres Independientes 01)

jueves, 21 de junio de 2012

Argumento

Una mujer independiente…
La arquitecta Luana Moure sabía lo que NO quería: un hombre que pusiera su vida patas para arriba. Estaba contenta y feliz con su trabajo, sus amigos, su familia y su hijo adolescente a quien adoraba. Le gustaba hacer lo que quería, cuando quería y como quería. Había encontrado su equilibrio luego de una amarga experiencia, y se juró a si misma que nunca más permitiría sentirse emocionalmente dependiente de ningún hombre.

Un hombre decidido…
El millonario Patricio Dionich tenía otra idea, cuando conoció a Luana no le prestó mucha atención, pero bastó que ella abriera su preciosa boca y expresara algún pensamiento inteligente, para captar su interés. Pero su arquitecta fantasma era más escurridiza que una gata, y por más que intentaba, no lograba conquistarla.

¿Problemas?
Siempre los había, una ex esposa amargada, una hermana enojada, un cuñado traicionado, un hijo contrariado. Él sabía que podían resolverlo, pero ella seguía huyendo, y con su sonrisa permanente, pero su carácter fuerte, Luana siempre parecía burlarse diciéndole: Atrápame… si puedes.


Reseña de la Editora

Es interesante leer una novela que sale de los carriles normales y habituales del género romántico. Luana y Patricio ya no son jóvenes y tampoco están exentos de problemas. Ellos se conocen por casualidad e inician una relación que los llevará por muchas situaciones riesgosas. Digo riesgosas porque amar de por sí es todo un riesgo, y cuando la vida no te ha brindado experiencias "para siempre" toda nueva relación requiere mucha osadía y paciencia.
Luana pertenece a ese género de mujeres que dicen son las que más leen; profesionales, adultas y mayores de cuarenta. Tiene un hijo, al que adora, un trabajo creativo que también ama y una familia que cubre su cuota de amor. Conocer a Patricio en plan romántico no estaba en sus planes y aquí comienzan definitivamente los problemas de él.
Patricio es un divorciado, millonario, y muy seguro de sí mismo, con hijos, una ex y hasta un nieto. Se sabe enamorado de Luana y la convierte en su objetivo; uno muy escurridizo.
Grace Lloper es una maestra del romance erótico, sus novelas son diferentes: diálogos muy reales, calientes escenas de sexo, situaciones en las que cada mujer puede verse reflejada, y una protagonista que lo único que quiere es vivir en paz tal como vive.
¿Qué harías tú? ¿Meterías las manos en el fuego cuando ya has sido quemada? ¿Optarías por el amor? ¿El ser Mujer, independiente y profesional es preferible a ser mujer, dolida y dependiente? ¿O es que en realidad no hay antípodas excepto las cicatrices emocionales que llevamos y nadie ve?
De cualquier manera "Atrápame… si puedes" nos mostrará como a veces la vida pasa facturas y paga beneficios.

Beatriz Sylva
Editora

Aguas Turbias (Crucero Erótico 03)

Argumento

¿Recuerdan el Crucero del Amor de los '80? Lamento decirles que aparte del barco y los tripulantes, no hay otra coincidencia.
Si tienes ganas de vivir emociones fuertes, estás cordialmente invitado a pasar siete días en un crucero muy especial…

Un crucero de lujo y siete días para pasarlo bien. Un apuesto millonario, un barman delicioso que descubre su propia sexualidad, una bella policía y un misterio. El viaje esta iniciado.
Elías Carvalho inicia un camino sin retorno hacia lo que es: un hombre enamorado de otro hombre. Todas sus dudas son las certezas de César Andretti, el misterioso millonario que toma las riendas de su vida.
¿Hasta dónde se debe llegar para corresponder a la lealtad? ¿Cuánto se arriesga al confiar en otro? Elías aprenderá sobre confianza y amor en el largo trayecto que le permite conocer al verdadero hombre que ama. Un camino difícil donde el peligro no sólo es el presente sino también los ecos del pasado.
Una venganza planeada por años, una historia de amor imprevista, una investigación policial en marcha, encuentros y desencuentros, preguntas sin respuestas, y más preguntas; una historia de profecías, todo esto y mucho más constituyen el mundo que Grace Lloper nos invita a conocer en el tercer viaje de "Aguas Blancas", un crucero por las maravillosas costas de Brasil.
Amor, aventura, acción garantizada y mucho sexo de la mano de César y Elías. Debes conocerlos.

Castalia Cabott

Atrápame... si puedes - Capítulo 07

La inauguración

Luana estaba caminando por el departamento arriba del quincho. A pedido de Patricio se había encargado de fiscalizar la mudanza de los muebles de uno a otro departamento y quería darle un toque final.
Revisó que todo hubiera quedado como ella lo había previsto.
Y ubicó el pequeño regalo que le había llevado: un perfumador eléctrico, de esos que soltaban un delicioso aroma cuando pasabas frente a él, y que se programaba para que lo hiciera cada cierto tiempo. Era de cristal y tenía la forma de la Fontana di Trevi.
Patricio llegó en ese momento, y Susana, que estaba organizando la fiesta en la planta baja, le indicó que Luana estaba arriba.
Subió inmediatamente y la vio conectando el extraño aparato.
—Hola, arqui —la saludó con un beso en la mejilla—. Eso no forma parte de mi mobiliario original.
—Es un presente para ti —dijo sonriendo—, siempre le hago un regalo a mis clientes cuando termino una obra.
—Muy original, pero… ¿qué carajo es? —preguntó riendo. Ella se lo explicó y en ese momento la fuente lanzó un vapor perfumado— Hermoso, muchas gracias. Todo quedó precioso, Lua, estoy muy contento de haberte conocido.
—Yo también, Patricio —afirmó con la verdad.
—Lo llevaré a mi oficina, así cada vez que sienta este aroma, me acordaré de ti —dijo acercándose a ella.
—No es necesario, te traeré otro… ¿te gustaría la torre de Eiffel, la Estatua de la Libertad o el Arco del Triunfo?
—¿No hay uno de la Madonna desnuda? —preguntó pícaro— Así me imagino que eres tú quien está mirándome seductora desde una cama, esperándome.
Luana rió a carcajadas.
—No pierdes oportunidad. Mejor me fijo si no hay uno que simbolice el obelisco, algo muy alegórico al estado de tu entrepierna.
—Qué maldita eres —dijo en broma.
—"Maldita" es mi segundo nombre —afirmó alejándose.
Pero él no le dio tregua, la tomó del brazo y la estiró hacia su cuerpo, girándola contra la pared y aprisionándola.
—Sé lo que estás intentando hacer —dijo serio, mirándola.
—Por supuesto, estoy intentando zafarme. Y si no me sueltas —dijo bajando su mano y tomando su miembro entre sus dedos por arriba de sus pantalones—, voy a hacerte gritar pero no de placer, porque esta caricia se convertirá en una tortura.
Él la miraba embobado… ¡lo estaba tocando, allí!
—Mi amor, si sigues acariciándome así, me derretiré. No necesitarás zafarte —entonces, ella le apretó ligeramente las pelotas— ¡Oh, mierda! Nunca pensé decirte esto… pero suéltame, cariño.
Ella sonrió irónica.
—Déjame en paz, Patricio —dijo alejándose cuando él la liberó de su abrazo.
—No harás que me aparte de esa forma, Lua. Sé cuál es tu juego, durante dos semanas te comportaste como una desquiciada fastidiosa. Pero yo sé que tú no eres así, te conozco.
—Error, no me conoces en lo más mínimo —dijo señalándolo con el dedo—. Esta soy yo… si te gusta, me aceptas tal cual soy, sino… te vistes y te vas.
—Prefiero seguir desnudo —contestó riendo—, si tú también lo estás.
Luana dio vuelta la cara para no reír frente a él.
Es imposible, pensó.
—Si me vieras desnuda… huirías —dijo de espaldas a él.
—¿Por qué? ¿Por algunos kilos de más o alguna estría secuela de tu embarazo? ¿O quizás celulitis en la cola? —le dio un beso en la cabeza detrás de ella y le acarició los brazos—. Esas marcas solo te hacen más atractiva a mis ojos, porque son producto de tu experiencia y tus vivencias. ¿Acaso crees que yo soy un Adonis? Tengo miles de defectos igual que tú. Ninguno de los dos somos adolescentes, cariño… yo no espero que tengas el cuerpo perfecto y firme de una veinteañera. Me gustas tú, tal cual eres. Incluso… —y pasó las manos por delante posando las palmas sobre sus senos, pegándose a su espalda— si tus pechos vencieron la ley de la gravedad, los adoraré igual.
Y pasó los pulgares por las puntas, arriba de la camisa de seda que llevaba.
—¿Siempre tienes las palabras justas en el momento exacto, no? —dijo Luana apoyándose en su torso, rindiéndose a su toque juguetón.
—Santo cielo, caben tan bien en mis manos, Lua… yo solo digo lo que sient… —pero ella no le dio oportunidad de seguir, volteó hacia él, subió las manos detrás de su nuca y devoró su boca.
No había ninguna tímida pretensión implicada, jodió su boca directamente. La lengua de Luana entraba y salía mientras Patricio gemía desesperado al probar su sabor por primera vez.
—Maldición, te deseo con locura —dijo él y la estiró un poco más para que pudieran frotar sus cuerpos. Era como poner un fósforo en un saco de dinamita. Ambos jadeaban y empujaban sin dejar de besarse hasta casi perder el sentido.
Los dedos de Luana que habían estado vagando por todos lados, volvieron con desesperación a los suaves mechones del cabello de Patricio y su cuerpo se balanceó con las dulces y embriagadoras sensaciones que la estaban poseyendo; oscuras y arrebatadoras olas la inundaban cada vez que él deslizaba su lengua más dentro de ella y la abrasaba posesivamente, acariciándola también. Ella contuvo el aliento y se arqueó contra su boca. Comenzó a estremecerse, asombrada ante el tórrido arrebato de exquisito placer que le arañaba profundamente el vientre y entre las piernas. Quería más; un intenso deseo le hacía temblar las rodillas.
Patricio debió percibir su desesperación, porque suavizó el beso. No es el momento oportuno ni el lugar adecuado, pensó, dentro de la neblina del deseo que lo poseía.
En ese momento escucharon el grito de Susana desde la planta baja:
—¡Luaaaa, Patooo… bajeeeen, Kiara y Néstor acaban de llegar!
Él dejó de besarla y el abrazo se hizo menos apasionado, acarició su pelo, tratando de tranquilizarlos a los dos.
—Eres tan apasionada, mi arqui —le dijo al oído en un susurro—. Será un placer tenerte desnuda en mis brazos y hacerte el amor.
Luana casi se desmaya cuando la soltó, sus piernas apenas la sostuvieron.
—Dios mío —dijo en un susurro, asombrada por su propia reacción.
—Baja tú primera, amor —pidió Patricio con vez temblorosa—, yo… no estoy en condiciones todavía.
Luana se apoyó en la pared detrás de ella y lo observó. Vio pasión en sus ojos, tanto como ella sentía en los suyos al mirarlo.
Bajó la vista y sonrió pícaramente.
El frente de su pantalón parecía una tienda de campaña.

La fiesta de inauguración del quincho estaba resultando todo un éxito. Había todo tipo de guarniciones, abundaba la bebida, el parrillero contratado era el mejor y la decoración que usó Susana era exquisita.
Solo estaban presentes los amigos más cercanos de Patricio, y sus clientes importantes. Eso sorprendió a Luana, porque esperaba encontrar a su familia, pero al parecer solo su hija estaba invitada, el resto brillaba por su ausencia.
Patricio le presentó a Tamara y enseguida congeniaron. La hermosa jovencita era toda sonrisas y simpatía, y se notaba que adoraba a su padre. Ángelo también estaba invitado, pero no pudo asistir porque tenía otra actividad.
—Mi papá habla de ti todo el tiempo —le dijo Tamara sonriendo cuando tuvieron la ocasión de hablar—. Está muy entusiasmado con los dúplexs que harán juntos, me mostró los dibujos.
—Eh… me alegro —contestó Luana sorprendida—. Yo también estoy contenta, creo que será un proyecto muy lucrativo para tu padre. Pero dime, Tammy… ¿dónde están tus hermanos? ¿No deberían haber venido también?
—Mmmm, ellos son muy complicados —dijo sin dar muchas explicaciones—, creo que no están de acuerdo con lo que papá está haciendo.
—¿Te refieres al proyecto de los dúplexs u otra cosa? —preguntó curiosa.
—Creo que… —pero no pudo terminar, porque su padre empezó a hacer ruidos con un tenedor golpeando una copa.
—Señores, señoras, señorita —dijo mirando a su hija y sonriendo—, solicito su atención, por favor —se acercó a Tamara y a Luana, poniéndose entre medio de las dos, abrazándolas a ambas—. Como bien saben, esta pequeña reunión entre amigos es para inaugurar este espacio tan magníficamente diseñado por la arquitecta Luana Moure, aquí presente —dijo y la miró, ella se ruborizó, algo poco usual en su persona—. La verdad es que no tenía intención de construirlo todavía, pero fue la única forma de tratar de conseguir un objetivo que tengo entre cejas.
Todos los que entendieron rieron y aplaudieron. Luana quería que la tragara la tierra, bajó la cabeza y se quedó seria. Iba a matarlo, lo despedazaría cuando quedaran solos.
—¡¿Y lograste tu objetivo?! —preguntó Néstor riendo a carcajadas desde el fondo del quincho.
—Todavía no, pero creo que voy por buen camino —contestó sonriendo, su hija lo abrazó y le dio un beso, en señal de apoyo—. Bueno, con este asado tan bien organizado por nuestra querida amiga Susana, doy por inaugurado nuestro espacio, y digo "nuestro" porque considero que será un lugar donde nos reuniremos seguido para divertirnos y pasar buenos ratos —soltando a las dos mujeres, levantó su copa—, brindemos por ello, amigos.
Todos levantaron sus copas en señal de brindis y se acercaron a felicitar tanto a Patricio, como a la arquitecta, quién estaba más callada de lo usual.
—Te voy a descuartizar —le dijo Luana al oído en un momento dado.
—Mientras lo hagas con tus dientes, puedes empezar esta misma noche si quieres —contestó sonriendo solo para que ella lo escuchara—. Podemos tener nuestra inauguración privada… ¿qué opinas?
—Prográmalo para el 31 de febrero —dijo alejándose de él.
Mierda… problemas de nuevo, pensó Patricio. ¿Qué habré hecho ahora?
Llegó un momento en el que Luana solo quería irse. Susana se dio cuenta y sonrió, aconsejándole que esperara un poco más, que no sería educado de su parte retirarse de una reunión en la que obviamente, era una de las homenajeadas.
Ella no pidió ese homenaje, no era más que un simple quincho por dios santo, pero como era usual en él, había tejido toda una telaraña alrededor que la mantenía cautiva. Lo había hecho a propósito, estaba segura.
Fastidiada, se quedó hasta el final. Ya eran más de las dos de la mañana cuando todos se retiraron.
—Una excelente velada ¿no crees? —preguntó Patricio abrazándola por detrás.
—Suéltame, por favor… ya me voy —dijo tomando su cartera—. Felicidades, Patricio.
—¿Hice algo malo, Lua? —preguntó siguiéndola hacia la salida.
—Noooo, que esperanza —contestó irónica, mirándolo fijamente—, solo anunciaste a viva voz tu deseo de follarme y organizaste todo esto de modo a que pareciera un homenaje a tu flamante arquitecta y nueva amante.
Él dio vuelta los ojos en señal de fastidio.
—¿Existe alguna forma de complacerte, Luana?
—Sí, la hay… ¡déjame en paz! —dijo categórica.
—Eso haré, puedes apostarlo —contestó enojado, dando media vuelta y entrando de nuevo a la casa.
Luana no sabía si lo que sentía al verlo alejarse era alivio, tristeza o decepción.

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Atrápame... si puedes - Capítulo 06

Una decisión… ¿irrevocable?

Luana estaba tirada en su cama con la notebook en la panza, como siempre a la noche, pero no podía concentrarse en lo que estaba haciendo. Como no ocurría hacía mucho tiempo, un hombre ocupaba sus pensamientos, y eso la fastidiaba hasta el punto de ponerla de mal humor.
Suspiró y despotricó contra Patricio por ser tan dulce y amable.
Se imaginaba lo que ocurriría si accedía a sus deseos y no le agradaba el panorama, una noche de sexo equivalía a dos opciones posteriores: él querría seguir frecuentándola y eso alteraría su ordenada y tranquila existencia teniendo que adecuarse a los horarios y gustos de otra persona; o él se sacaría las ganas que aparentemente tenía y cuando ya no la llamara ni la buscara, ella se haría el harakiri mental pensando en qué había hecho mal, y sería otra desilusión en su vida.
No estaba dispuesta a ninguna de las dos opciones.
No era ninguna mojigata, había tenido muchas relaciones en su vida, un par de ellas solo de una noche, las demás un poco más largas, aunque nunca había aguantado más de seis meses en pareja, sobre todo cuando el hombre empezaba con sus celos y exigencias. Solo en el caso de Luciano había durado dos años, pero a él lo había amado como a ninguno, y jamás intentó controlarla. Por supuesto que no, si ella hubiera hecho lo mismo, habría averiguado mucho antes que en realidad no estaba separado, como él le había dicho, sino que era casado.
No quería acordarse de eso, siempre la alteraba.
Lo que no podía dejar de recordar, era la ternura de Patricio al despedirse de ella cuando la dejó frente al portal del edificio donde vivía.
¡Mierda! ¿Por qué no era un bastardo desgraciado como todos los hombres? Sería mucho más fácil evitar caer en la tentación. A pesar de todo era una mujer, y él fue tremendamente dulce.
—Nunca antes te había visto con el pelo suelto —le dijo cuando le abrió la puerta del auto para que bajara— Me encanta, no me lo imaginaba tan largo.
Y tomó un mechón de su cabello, lo acercó a su cara y aspiró una bocanada de aire, suspirando. Luego le acarició la cabeza.
Ella casi se derrite, y en ese momento se olvidó de todo sus propósitos de alejarse de él.
Patricio cerró la puerta y se apoyó suavemente en Luana, presionándola contra su vehículo, bajó lentamente las manos de su cabeza, acarició sus brazos, sin dejar de mirarla en ningún momento. Entrelazó sus dedos con los de ella y apoyó su frente en la suya, haciendo que su nariz la acariciara.
Mientras le besaba suavemente un ojo, luego otro, ella podía sentir su aliento caliente y solo era consciente de su fuerte cuerpo apoyado en el suyo, de su potente erección presionando su entrepierna. Deseaba poder tocarlo, pero era tan agradable sentir sus dedos entrelazados, tan íntimo, que permaneció quieta, esperando algún otro movimiento de su parte.
Patricio subió las manos de Luana hasta su pecho y las apoyó allí, cubriéndolas con una de las suyas, mientras la otra le subía la barbilla para que lo mirase.
—Eres tan hermosa, Lua —dio suavemente.
Y acercó lentamente su boca a la suya.
Luana estaba a punto de explotar. Con el aliento entrecortado, esperó impaciente un apasionado beso… que nunca llegó.
Él solo apoyó los labios en la comisura de los suyos y le dio un dulce beso de despedida.
—Que descanses, cariño.
¡A la mierda Patricio! La dejó allí, temblorosa y deseosa de más. Una táctica espectacular de su parte. Podía haber hecho lo que quisiera en ese momento, ella no se lo hubiera impedido. Sin embargo, se retiró sin darle lo que ambos deseaban.
Era todo un seductor, uno muy peligroso.
Pero ella era muy inteligente, sabía cuál era su juego, y no estaba dispuesta a dejarse seducir. Tomó una decisión: evitarlo a toda costa. No iba a poder dejar de verlo, eso era imposible, pero de ahora en adelante no aceptaría salir de nuevo con él hasta el día que el infierno se congelara.

—Dile a la arquitecta fantasma cuando llegue que quiero verla, que suba —le dijo Patricio a su secretaria, fastidiado.
—Sí, señor —contestó Marcela riendo interiormente.
Y yo pensé que había adelantado algo, se dijo Patricio a si mismo inclinándose en su sillón gerencial. Incluso que la había dejado con ganas de más cuando no le dio el beso que los dos esperaban. Porque sabía que ella lo había deseado, estaba seguro. Y esperaba que eso fuera el comienzo de algo, no el final.
El quincho ya estaba prácticamente terminado y no había logrado verla un solo día después de que cenaran juntos, era como si supiera cuando él no iba a estar para visitar la obra. Lo único que hacía era firmar cheques para ella y cuando hablaban por el celular, siempre estaba ocupada o había ruidos de sierras y golpes de martillo que impedía que hablaran con tranquilidad.
Intentó llamarla a la noche, pero desconectaba su celular y no tenía el número de la línea baja de su casa.
Levantó las hojas impresas del estudio de factibilidad que le había enviado unas semanas atrás y lo releyó. Impresionante, si los números eran ciertos, era un negocio redondo, muy lucrativo, y él tenía el dinero para llevarlo a cabo. Incrementar su capital no haciendo nada más que firmar un cheque quincenal era una idea atractiva, y ella había demostrado que era muy eficiente en lo que hacía, sin necesidad de que estuviera controlando su trabajo.
—Hola Patricio —dijo Luana apoyándose en la puerta de su despacho una hora después.
—Mira tú, mi arquitecta fantasma —contestó levantándose.
Ella sonrió y se acercó.
—¿Algún problema? ¿Tienes alguna queja? —preguntó apoyando su bolso sobre la silla.
—A ver… ¿por dónde empiezo? Tengo una amiga que huye de mí, solo puedo contactar con ella por correo electrónico, incluso me pregunto si realmente existe o si es producto de mi imaginación. Luego miro hacia el patio, veo su obra y me digo: No, ella es real…
—¿Estás conforme, no? —preguntó dudando.
—Por supuesto, cariño, el quincho quedó precioso. Pero no estoy hablando de eso, sino de nosotros…
—No existe un "nosotros", Patricio —afirmó cruzando sus brazos.
—Bueno, probablemente eso sea lo que me fastidia.
Luana suspiró, no quería hablar de ese tema.
—Lo siento, pero no tengo tiempo para hablar de eso ahora… ¿necesitas algo en relación a la obra? Estará terminada en una semana más.
—Sí, quiero hacer la inauguración oficial… ¿puedo programarla para el sábado siguiente a éste?
—Con seguridad —dijo asintiendo—, Susi es organizadora de eventos en su tiempo libre, si quieres puedes pedirle que te lo prepare.
—Buena idea, gracias —la tomó de la mano y la llevó hasta el sofá—. Siéntate, quiero hablar sobre los números que me enviaste.
Estuvieron conversando por más de veinte minutos sobre el proyecto que ella quería llevar a cabo. Él ya estaba convencido, pero disfrutó escuchándola.
—Este es el momento ideal para empezar, Patricio… al menos para mí. Nunca suelo aceptar más de dos obras grandes a la vez, conozco mis limitaciones, y los dúplexs del español se están terminando, el quincho también, así que me quedaré sin trabajo en breve —y con una sonrisa seductora, dijo—: Seré toda tuya.
—Ojalá eso fuera cierto —contestó pasando el brazo por su espalda y acercándola a él—, tenerte para mí solo es mi fantasía recurrente desde hace un tiempo —posó el labio en su cuello y le dio un beso debajo de la oreja.
—Patricio, estamos en tu oficina —dijo Luana tratando de zafarse.
—Si Marcela valora su trabajo, sabe que no tiene que interrumpirnos —la apoyó contra él y siguió prodigando pequeños besos en su cuello, estremeciéndola de la cabeza hasta los pies—, busca un buen terreno, arqui… porque haremos ese proyecto que tienes en mente.
—Ya… ya lo tengo —dijo acariciando su cuello, no podía resistirse.
—Entonces, cómpralo para mí —contestó sacándole el pinche del pelo. El cabello de Luana se deslizó como seda entre sus dedos, enardeciéndolo. Le levantó la barbilla y la miró—: no besarte la otra noche fue una de las cosas más difíciles que hice en mi vida, me moría de ganas, tú también lo deseabas… ¿no? Dime la verdad…
—Yo… eh, quédate quieto —dijo ella. Sus labios estaban tan juntos que podía sentir su respiración contra su boca—, no muevas un solo dedo. Ni siquiera respires, por favor.
—¿Para que puedas huir de nuevo? —preguntó rozando sus labios y pasándole ligeramente la lengua.
—Patricio… me siento como una prostituta, por favor, no sigas —pidió con voz entrecortada.
—¡¿Qué?!
Luana aprovechó su confusión para tomar distancia.
—Todo está demasiado mezclado —dijo confundida—, fíjate en lo que estamos haciendo, decidiendo un proyecto uno en brazos del otro. No quiero que pienses que utilizo la seducción para lograr conseguir este trabajo, me sentiría pésima si así fuera.
—¿Crees que soy tan estúpido como para decidir invertir en tu proyecto solo por calentura? Los números cierran, Luana… una cosa no tiene nada que ver con la otra. Ya te lo dije mil veces, no mezcles.
—¿No te das cuenta que eres tú el que está mezclando? —Y se levantó del sillón— No quiero este trabajo si existe la más mínima posibilidad de que tenga que pagar por él con mi cuerpo.
—Es espantoso lo que estás diciendo, Lua —dijo enojado.
—Quiero que las cosas queden claras. Piénsalo, Patricio —dijo tomando su bolso— Llámame cuando decidas algo. Tienes los datos del terreno en el análisis de factibilidad, incluso el plano de ubicación, puedes ir a visitarlo.
—Lo haré… ¿le das el número de teléfono de tu casa a Marcela, por favor? Varias veces intenté llamarte a la noche y apagas tu celular. Me gustaría poder ubicarte a cualquier hora.
Ella asintió y salió del despacho.

—Patricio me llamó para que organizara la inauguración de su quincho —dijo Susana del otro lado de la línea la noche siguiente.
—S-sí, le sugerí que lo hiciera —Luana estaba todavía fastidiada de cómo había resultado la última reunión, y se notaba.
—Gracias, nena… no es gran cosa, pero siempre ayuda. Me pasó la lista de invitados por correo y me dijo que hablara contigo para ponernos de acuerdo.
—¿Conmigo? —preguntó confundida— ¿Qué tengo que ver yo con eso? ¿No te habrá dicho que hablaras con Marcela, su secretaria?
—Nop, contigo —Luana bufó—. ¿Podemos reunirnos en su oficina mañana para ver el lugar?
—Claro, te avisaré a la hora que estaré en la zona… ¿por la tarde es mejor para ti, no?
—Sí, a la mañana estoy en la ganadera. Pero cuéntame, Lua… ¿cómo van las cosas con él?
—Más complicadas de lo que me gustaría —dijo suspirando—, al parecer el señor no entiende el concepto de lo que es un "no". Le presenté otro proyecto, similar al que estoy terminando para el español. Me dijo que va a comprar el terreno, pero yo no estoy tan segura de que querer seguir trabajando para él. Me mantiene constantemente tensa, no por el trabajo, sino porque insiste en que quiere tener algo conmigo, y no pierde oportunidad en demostrarlo.
—Que idiota eres, amiga. Deberías acceder, es un tipazo, y sabes que te mueres de ganas de acostarte con él.
—¿Qué crees que soy? ¿Una perra en celo o qué? —preguntó enojada— Solo porque me parezca atractivo no significa que tenga que ceder a mis bajos instintos. Si fuera cualquier otro hombre lo haría sin pensarlo, no lo dudes. No tengo pizca de mojigata, pero hacerlo con él complicaría nuestra relación comercial, y créeme, valoro más eso que una follada.
—Una buena follada, según las malas lenguas…
—¿Y tú como lo sabes? —preguntó asombrada.
—Las chicas hablan, y él es soltero sin compromisos… y no tiene vocación de sacerdote —dijo pícara.
—Cuéntame —pidió interesada— ¿conozco a alguna de ellas?
—¿Recuerdas a la prima de la esposa de Hugo? —se refería a un amigo en común de ellas— Esa que estaba de rojo el día de su casamiento…
Y empezaron a chismosear, como era usual. No quedó títere con cabeza.
Cuando cortó, Luana volvió a pensar en lo que estaba pasando con Patricio. Era un gran hombre, sin duda alguna, pero ella había conocido muchos buenos hombres en su vida, y al final todos estaban cortados por la misma tijera.
Meterse con él complicaría su existencia, y su trabajo.
Ella sabía manejar una situación complicada, haría que él mismo desistiera de su idea de seducirla.
Cuando quería ser fastidiosa, era la mejor.

Continuará...

CLTTR

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